“La confianza con los pumas se construye pasando mucho tiempo con ellos y aprendiendo a leer su lenguaje corporal”
Después de años de trabajo silencioso en la estepa patagónica, el equipo de conservación del Parque Patagonia logró registrar un hecho inédito: la primera cópula filmada entre dos pumas monitoreados en la zona. José Bonomi, técnico de campo del equipo, cuenta cómo es seguir a estos grandes felinos, qué revelan los datos del monitoreo y cómo se construye una relación de confianza con una de las especies más emblemáticas de la Patagonia.
¿Cómo comenzó el proyecto de monitoreo de pumas en el Parque Patagonia?
El trabajo de monitoreo de pumas en el Parque Patagonia es bastante completo. Todo empezó con cámaras trampa que nos permitieron identificar a los primeros individuos que habitaban la zona. A partir de esas imágenes pudimos empezar a planificar las capturas.
Después utilizamos trampas de paso, que son dispositivos que inmovilizan al animal sin dañarlo. Cuando la trampa se activa envía una señal y entonces el equipo se acerca al lugar. Allí realizamos la anestesia y colocamos un radio collar GPS que nos permite seguir sus movimientos.

¿Cómo funciona el sistema de seguimiento de los pumas?
Los collares GPS registran la ubicación del animal cada tres horas. Durante aproximadamente tres años envían información diaria, hasta que la batería se agota y el sistema de “drop off” libera automáticamente el collar.
Con todos esos puntos que se registran día a día podemos construir mapas sobre cómo usan el territorio del parque: dónde se mueven, dónde descansan y cómo se desplazan por la estepa.



¿Qué información les permitió descubrir ese monitoreo?
Uno de los métodos que usamos es analizar los llamados “clusters”, que son concentraciones prolongadas de puntos en un mismo lugar. Cuando vemos esos clusters vamos al sitio para investigar qué ocurrió.
A partir de esos estudios pudimos conocer mejor la dieta de los pumas en el Parque Patagonia. Hasta ahora observamos que aproximadamente el 76% de lo que comen es guanaco y cerca del 10% corresponde a choiques. Esto confirma que en esta zona del noroeste santacruceño hay una gran disponibilidad de presas nativas.
Además de los datos del GPS, ¿cómo es el trabajo en el terreno?
El monitoreo no se queda solo en la computadora. También hacemos seguimiento en vivo. Salgo al campo con el receptor de radio para ubicar la señal del collar y buscar a los individuos.
Cuando los encuentro, me quedo observando durante horas y registro sus comportamientos. Es una parte del trabajo que requiere mucha paciencia.

¿Cómo reaccionan los pumas ante la presencia humana?
Es muy variado. Cada encuentro es distinto, tanto para ellos como para mí. Con el tiempo empecé a notar que se dan cuenta de que no soy una amenaza y comienzan a actuar de forma más natural.
Esa confianza se construye pasando mucho tiempo con ellos y aprendiendo a leer su lenguaje corporal. Es muy importante saber interpretar sus señales y eso se aprende con la experiencia.
¿Todos los pumas se comportan igual?
No, para nada. Cada uno tiene una personalidad muy marcada. Algunos se retiran rápidamente cuando detectan presencia humana, mientras que otros toleran más la observación.
Pepito, por ejemplo, pertenece a ese segundo grupo.

¿Quién es Pepito dentro de este proyecto de monitoreo?
Pepito fue el primer puma capturado y equipado con collar cuando comenzó el proyecto. Siete años después logramos recapturarlo para cambiarle el dispositivo porque la batería del anterior había dejado de funcionar.
Haberlo recapturado fue un logro muy importante. Vive en el Cañadón Caracoles, está en excelente estado corporal y es un individuo muy tranquilo frente a la presencia humana. Además es muy grande, realmente impresionante.
Hace poco registraron un momento muy especial. ¿Qué ocurrió?
Hace unos días observé a Pepito junto a Maga, una hembra que también estamos monitoreando. Empecé a notar comportamientos de cortejo entre ellos.
Los seguí cuando se movieron hacia un lugar más escondido y me ubiqué a cierta distancia para observar. Fue entonces cuando pude filmar la primera cópula registrada entre pumas en el parque.
¿Qué significó para usted ese momento?
Fue increíble. Ellos me dieron la confianza de poder estar allí y presenciar algo tan importante. Me sentí muy afortunado.
Además, una observación así es muy valiosa para nuestra investigación, porque aporta información sobre el comportamiento reproductivo de la especie.

Después de tantos años de seguimiento, ¿qué representa Pepito para el proyecto?
Pepito fue el primero y todavía sigue caminando por la estepa del Cañadón Caracoles. Siete años después está más grande, más tranquilo, y de alguna manera también más cercano para quienes lo monitoreamos.
El trabajo de conservación es justamente eso: paciencia, presencia y tiempo compartido con la fauna del lugar. Cada observación suma conocimiento para proteger mejor a estos animales.








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