En el noroeste de Santa Cruz, el Alero Charcamata se consolida como uno de los tesoros arqueológicos más impactantes de la Patagonia argentina. Este Monumento Histórico Nacional combina aventura, naturaleza y arte rupestre en un recorrido que incluye el Cañadón Pinturas, el vadeo de ríos y una caminata entre formaciones rocosas imponentes. Con más de 80 metros de boca y más de 30 metros de pared intervenida con pinturas milenarias, Charcamata ofrece una experiencia única para quienes buscan turismo cultural, paisajes patagónicos y contacto directo con la historia ancestral cerca de Perito Moreno.
A pocos kilómetros del río Pinturas, el paisaje se vuelve más cerrado y profundo. El Alero Charcamata aparece oculto entre cañadones y formaciones rocosas que guardan miles de años de historia.
El viaje comienza en el Cañadon Pinturas. Luego de un trayecto de 45 minutos en camionetas, se vadea un río y continúa media hora más. Una vez estacionados se inicia un sendero hasta el Cañadon Charcamata “donde ya comenzaremos a ver algunas Pinturas Rupestres en una Cueva que nos marca el comienzo del viaje al pasado”, cuenta Claudio Figueroa.
La primera cueva que aparece funciona como antesala. A partir de ahí, el arroyo Charcamata acompaña el recorrido. Hay que cruzarlo varias veces, saltando de una orilla a otra, siguiendo las curvas naturales del terreno.

No es una caminata exigente. Es un trayecto que se disfruta y el entorno impone ritmo propio. En el camino se pueden observar guanacos, zorros, choiques, cóndores, águilas mora.
El impacto del alero
Llegar a sus pies es difícil de describir. Cuando finalmente se abre ante los ojos, el tamaño de esa pared, impacta. Lo primero que sorprende es el Tamaño del alero. Son más de 80 metros de boca y las formaciones rocosas como estalactitas colgando del techo que está a unos 20 metros de altura. También es impactante la cantidad de pinturas. Son más de 30 metros de pared intervenida, figuras superpuestas, colores que resisten el paso de los siglos.

El Alero Charcamata fue investigado en pocas ocasiones. Claudio menciona a arqueólogos como Carlos Gradin, Carlos Aschero y Annete Aguerre, de cuyas investigaciones surge buena parte de la información que hoy se comparte en las visitas guiadas. Pero hay algo más.
Muchos visitantes coinciden en una lectura particular, “que es un lugar vinculado mayormente a lo femenino y a la maternidad. Como si hubiese sido un lugar de ritual para la fertilidad”.

La verdad es que no existe una única interpretación cerrada. Siempre las preguntas quedan abiertas y tal vez eso explique por qué, después de vadear el río, cruzar el arroyo y caminar entre gigantes de piedra, la sensación que queda es más que haber visto pinturas rupestres. Es la de haber entrado por un ratito en otra dimensión del tiempo.









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