Durante décadas, Jamaica construyó su imagen turística sobre playas de arena blanca, aguas turquesas y un litoral abierto al disfrute colectivo. Sin embargo, detrás de esa postal que atrae a millones de viajeros cada año, crece un conflicto estructural: los habitantes de la isla tienen cada vez más restricciones para acceder al mar.
La expansión del turismo de lujo y de los complejos todo incluido ha transformado profundamente la relación entre la población local y el litoral jamaicano. En la práctica, una gran parte de las playas quedó privatizada, cercada o sujeta al pago de entradas, desplazando a comunidades que históricamente utilizaron esos espacios para la pesca, la recreación y la vida cotidiana.
Un litoral cada vez más cerrado
Según datos de la organización Jamaica Beach Birthright Environmental Movement (JaBBEM), solo el 0,6% de los 1.022 kilómetros de costa de Jamaica es hoy de acceso público libre. El resto está controlado por hoteles, resorts o desarrollos inmobiliarios privados, una cifra que contrasta con la imagen internacional del país como destino abierto y accesible.
Uno de los casos más emblemáticos es Mammee Bay, en la costa norte. Allí, una playa utilizada durante generaciones por pescadores y familias locales fue vendida en 2020 a un desarrollador privado. Poco después, un muro de hormigón bloqueó el acceso al mar para los habitantes de Steer Town, generando una fuerte reacción comunitaria.
“¿Cómo se puede usar una playa o un río durante cientos de años y, de un día para otro, perder completamente el acceso?”, cuestionó Devon Taylor, cofundador de JaBBEM, en declaraciones a la BBC. Para la organización, estos episodios forman parte de un proceso acelerado por el crecimiento del turismo internacional y la llegada de capitales extranjeros al litoral.

Turismo récord, beneficios desiguales
En 2024, Jamaica recibió 4,3 millones de turistas, un récord histórico. Sin embargo, el impacto económico de esa cifra no se traduce de manera proporcional en la economía local. De los 4.300 millones de dólares generados por el turismo, solo el 40% permanece en el país, según estimaciones citadas por organizaciones civiles.
A este escenario se suma un ambicioso plan de expansión: 10.000 nuevas habitaciones hoteleras están proyectadas de aquí a 2030, la mayoría en zonas costeras. Para los críticos, esto profundizará aún más la presión sobre las playas y reducirá los espacios disponibles para uso comunitario.
El marco legal también juega un rol central. El Beach Control Act de 1956, heredado del período colonial británico, establece que el Estado es propietario del litoral, pero no garantiza el derecho automático de acceso al mar para los ciudadanos. Esta ambigüedad facilitó, con el tiempo, la cesión de amplias franjas costeras a intereses privados.
“El impacto no es solo económico. Cuando se separa a los jamaicanos del mar, se destruyen prácticas culturales, medios de subsistencia y comunidades enteras”, advierte Marcus Goffe, abogado que representa a JaBBEM.
Protestas, demandas y un llamado a un turismo más responsable
Desde su creación en 2021, JaBBEM impulsa acciones judiciales y campañas de concientización para frenar la privatización de playas emblemáticas como Mammee Bay o Bob Marley Beach, en la costa este. En Montego Bay, uno de los principales polos turísticos del país, quedarían apenas cuatro playas públicas, según denuncian activistas locales.
El conflicto también interpela a los viajeros. Organizaciones comunitarias piden a los turistas que elijan alojamientos y experiencias gestionadas por jamaicanos, y que privilegien zonas donde el acceso al litoral sigue siendo compartido, como Negril o Treasure Beach.
En Bob Marley Beach, familias rastafaris resisten la construcción de un complejo de lujo valuado en 200 millones de dólares. “Se siente como una gran traición por parte del gobierno”, expresó Camala Thomas, vecina y restauradora de la zona.
La comparación que propone Monique Christie, coordinadora comunitaria de JaBBEM, resume el reclamo: “En países como Noruega, los bosques son de acceso libre y nadie los cerca. ¿Por qué el mar y las playas deberían ser diferentes en Jamaica?”.
Un debate abierto sobre el futuro del turismo
El caso de Jamaica pone en evidencia una discusión cada vez más presente en destinos de sol y playa: cómo equilibrar el crecimiento turístico con el derecho de las comunidades locales a su territorio. Mientras el país continúa batiendo récords de visitantes, el acceso al mar —uno de sus mayores patrimonios naturales— se transforma en un símbolo de desigualdad y de los límites del modelo turístico actual.
El desafío, coinciden expertos y organizaciones sociales, no es frenar el turismo, sino repensar su desarrollo para que no convierta al paraíso en un espacio vedado para quienes lo habitan desde siempre.








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