Hoteles monumentales, territorios extremos y leyendas persistentes: un recorrido por cuatro íconos del turismo argentino

Del sudoeste bonaerense al norte cordobés, cuatro hoteles marcaron una forma de viajar, habitar y pensar el ocio en la Argentina del siglo XX. La periodista y correctora Mariana Creo reconstruye sus historias en De huéspedes y hoteleros, un libro que combina viaje, archivo y observación del presente. Mucho antes del turismo de fines de semana largos, de las escapadas exprés y de la estandarización de la hotelería, existió en la Argentina una forma de viajar asociada a la permanencia, al aislamiento y a la idea de destino como experiencia total. En ese contexto surgieron hoteles monumentales, pensados como pequeñas ciudades autosuficientes, capaces de alojar durante meses a familias enteras y de concentrar servicios, ocio, salud y sociabilidad.
De huéspedes y hoteleros, de Mariana Creo, recorre cuatro de esos establecimientos: el Club Hotel de Villa Ventana y el Boulevard Atlántico de Mar del Sur, en la provincia de Buenos Aires; y el Hotel Viena de Miramar de Ansenuza y el Edén Hotel, en Córdoba. El libro no solo reconstruye su pasado —arquitectónico, social y económico— sino que también observa su presente: ruinas, restauraciones, disputas patrimoniales y nuevas formas de visita.
El Edén Hotel de Córdoba:



El libro recorre cuatro hoteles muy distintos entre sí, pero todos imponentes. ¿Qué los une desde una mirada turística?
Los une una concepción del viaje que ya no existe: la idea de irse por mucho tiempo, de trasladar una vida entera a otro lugar. Eran hoteles pensados para estadías largas, casi como colonias de temporada. Por eso muchos funcionaban como pequeñas ciudades: producían comida, lavaban ropa, tenían médicos, entretenimiento, todo.
Hoy cuesta imaginar ese tipo de turismo. ¿Qué cambió?
Cambiaron los hábitos y la conectividad. Antes llegar a un destino llevaba días, entonces tenía sentido quedarse meses. Hoy viajamos por pocos días, a veces solos, fuera de temporada. También cambió quién puede viajar y cómo. Eso vuelve inviables muchas de estas estructuras enormes, difíciles de reconvertir.
En el recorrido aparecen territorios muy distintos. ¿Qué peso tuvo el entorno en cada caso?
Fue clave. El Club Hotel de Villa Ventana, por ejemplo, está en un entorno serrano imponente, pero muy aislado. El Boulevard Atlántico está frente al mar, en una zona de médanos compleja, y nunca llegó a tener la conectividad que se esperaba. En Miramar de Ansenuza, el Hotel Viena está al borde de una laguna que crece y se retrae, con inundaciones periódicas. Y el Edén, en La Falda, se apoya en la idea de Córdoba como destino de salud, muy ligada a la tuberculosis.
El Hotel Viena, en Miramar de Ansenuza:



Justamente, Córdoba aparece asociada al turismo sanitario. ¿Cómo se refleja eso en los hoteles?
Claramente en el Edén y en el Viena. El clima seco de las sierras y ciertas condiciones ambientales hicieron que Córdoba se pensara como un lugar “curativo”. En el Viena eso es muy visible: la estructura del hotel parece más una clínica que un hotel de recreo, con muchas habitaciones individuales y baño privado, algo muy poco común para la época.
El Hotel Viena suele estar rodeado de mitos. ¿Qué se encuentra hoy el visitante?
Se encuentra con un edificio muy potente, en un lugar absolutamente atípico para Córdoba. Es plano, húmedo, sofocante en verano. El hotel es frío, poco acogedor, con subsuelos, cocheras, una torre que impone. Hoy se puede visitar con recorridos diurnos y nocturnos. La nocturna, solo con la luz del celular, es una experiencia muy fuerte desde lo sensorial.

¿Recomienda las visitas guiadas?
Siempre. En todos los casos. Cada lugar tiene una propuesta distinta y la guiada ordena la experiencia. Te da contexto histórico, pero también te permite entender el territorio, las decisiones arquitectónicas, los usos que tuvo el edificio después de su cierre.
¿Cómo es hoy la experiencia en el Club Hotel de Villa Ventana?
No es de acceso libre. Hay una tranquera y solo se entra con visita guiada. El edificio está en ruinas, pero aun así conserva una presencia muy fuerte. Además, en el pueblo hay un museo fundamental, donde se guardan objetos del hotel: vajilla, libros de pasajeros, muebles. Eso completa mucho la visita.
El Club Hotel de Villa Ventana, en el sur de la Provincia de Buenos Aires:



El Boulevard Atlántico tuvo varios intentos de recuperación. ¿Qué lugar ocupa hoy?
Durante mucho tiempo estuvo prácticamente cerrado, solo se lo podía ver desde afuera. Hoy tiene una puesta en valor parcial, con un bar y actividades culturales. Eso lo volvió a integrar al circuito local, aunque con costos desde el punto de vista patrimonial. Es un caso interesante para pensar qué significa “recuperar” un edificio histórico.
El Edén Hotel es, quizás, el más conocido. ¿Qué lo distingue actualmente?
Tiene una propuesta muy organizada. Hay visitas diurnas, más clásicas, y nocturnas, que incorporan humor, recursos teatrales y una narrativa más lúdica. Incluso así, se sigue transmitiendo información histórica. Es un ejemplo de cómo un sitio patrimonial puede trabajar con distintos públicos.
En el libro aparece mucho la idea de conectividad: trenes, caminos, accesos. ¿Fue determinante?
Totalmente. Donde llegó el tren, hubo explosión turística. Donde no llegó, no. El Boulevard Atlántico es un ejemplo claro: el tren llegaba a Miramar, no a Mar del Sur. Eso marcó una diferencia enorme. Muchos proyectos se pensaron suponiendo que la infraestructura iba a llegar… y no llegó.
Desde el turismo, estos hoteles hoy ya no alojan huéspedes, pero siguen atrayendo visitantes. ¿Por qué?
Porque ofrecen experiencia. No es solo mirar un edificio: es recorrer una ruina, una restauración, escuchar historias, caminar por lugares pensados para otra época. Hay algo muy fuerte en estar físicamente ahí. Internet y las fotos no reemplazan eso.
El Hotel Boulevard Atlántico, en Mar del Sur:


¿Hay un riesgo de que la leyenda tape la historia real?
Sí, pasa mucho. Se repiten relatos atractivos, simplificados, que no siempre resisten una mínima verificación. Las visitas guiadas bien hechas ayudan a equilibrar eso: no anulan la leyenda, pero suman datos, contexto, preguntas.
Si alguien quiere hacer este recorrido hoy, ¿qué le recomendaría?
Informarse antes, ver qué tipo de visitas ofrece cada lugar y no quedarse solo con la foto. Ir al museo local cuando existe, hablar con la gente del lugar, entender el entorno. Estos hoteles no se explican sin el territorio que los rodea.
Después de conocerlos, ¿cuál le impactó más como experiencia turística?
El Hotel Viena, sin dudas. No es cómodo, no es amable, no es “lindo” en el sentido clásico. Pero es una experiencia muy potente. Te saca de la idea típica de Córdoba y te enfrenta con otra historia, otro paisaje y otra atmósfera.
(fotos: gentileza Mariana Creo)








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