La proliferación del sargazo en el Caribe dejó de ser un episodio estacional para consolidarse como uno de los principales desafíos ambientales, sanitarios y turísticos de la región. De cara a 2026, organismos científicos y autoridades ambientales advierten que el fenómeno continuará con fuerza, impulsado por el crecimiento del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico y por una combinación de factores que tienen su origen en la actividad humana, desde la cuenca del Amazonas hasta el calentamiento global de los océanos.
El sargazo en el Caribe es hoy un síntoma visible de un problema más profundo. La forma en que la región enfrente esta crisis en 2026 será clave para definir si el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico continúa expandiéndose sin control o comienza, lentamente, a perder fuerza.
Destinos del Caribe más afectados en 2026
Las previsiones para comienzos de 2026 indican que las arribazones de sargazo volverán a impactar de manera significativa en los principales destinos turísticos del Caribe y el Golfo de México. Entre las zonas con mayor riesgo se encuentran la Riviera Maya y la costa de Quintana Roo, en México; la República Dominicana, especialmente en sus regiones Este y Norte; las Antillas Menores y Mayores; Puerto Rico; Jamaica; y sectores de Centroamérica.
En la República Dominicana, el Ministerio de Medio Ambiente estimó que el país recibió alrededor de 800.000 toneladas de sargazo durante 2025, con arribos incluso en áreas donde antes no se registraba el fenómeno. Las autoridades advirtieron que, si se mantiene la trayectoria del cinturón atlántico, nuevas oleadas podrían llegar a fines de enero de 2026.
En México, estudios recientes calculan que la masa total de sargazo acumulada en los trópicos durante 2025 alcanzó niveles récord, equivalentes a casi 1,9 millones de camiones de volteo. La Riviera Maya continúa siendo una de las zonas más afectadas, con impacto directo en playas, arrecifes, actividades turísticas y comunidades costeras.
El Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico
Desde 2011, imágenes satelitales confirman la formación recurrente del llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una franja flotante de macroalgas que se extiende desde África occidental hasta el Caribe y el Golfo de México. En mayo de 2025, los satélites detectaron más de 37 millones de toneladas de sargazo distribuidas a lo largo de una banda de casi 8.800 kilómetros.
Este fenómeno, sin precedentes en escala y persistencia, aparece cada año con mayor intensidad y ya es considerado una nueva estructura oceánica permanente, con impactos ambientales y económicos de alcance continental.

El origen del problema: del Amazonas a la contaminación agrícola
La comunidad científica coincide en que el crecimiento explosivo del sargazo está directamente relacionado con el aumento de nutrientes en el océano. Uno de los principales aportes proviene de la cuenca del Amazonas y del Orinoco, cuyos caudales arrastran grandes cantidades de nitrógeno y fósforo hacia el Atlántico.
La deforestación en amplias zonas de la Amazonia, sumada al uso intensivo de fertilizantes agrícolas y a la descarga de aguas residuales sin tratamiento adecuado en Brasil y otros países sudamericanos, reduce la capacidad de los suelos para retener nutrientes. Como resultado, estos compuestos llegan al mar y actúan como fertilizante para el crecimiento acelerado del sargazo.
A este proceso se suma el aporte de polvo del Sahara, que transporta hierro y fósforo a través del Atlántico, y los cambios en la circulación oceánica registrados desde fines de la década de 2000.

El rol del calentamiento global
El calentamiento global de las aguas oceánicas es otro factor clave. El aumento de la temperatura superficial del Atlántico tropical y una mayor estratificación del océano crean condiciones más favorables para la proliferación de estas algas flotantes.
Los científicos advierten que el sargazo actual contiene concentraciones de nitrógeno hasta un 50% superiores a las registradas hace cuatro décadas, una señal clara de que el fenómeno está siendo “superalimentado” por la actividad humana en un contexto de cambio climático.
Impacto ambiental, sanitario y turístico
En mar abierto, el sargazo cumple un rol ecológico importante como refugio y zona de reproducción para peces, crustáceos y tortugas marinas. Sin embargo, cuando llega masivamente a las costas, el equilibrio se rompe.
La acumulación y descomposición del alga consume oxígeno, daña arrecifes y praderas marinas, y libera sulfuro de hidrógeno, responsable del olor característico y de potenciales efectos irritantes sobre la salud humana. Estudios realizados en México detectaron además la presencia de metales pesados y compuestos tóxicos en los lixiviados del sargazo, lo que complica su disposición final y plantea riesgos para los acuíferos costeros.

Desde el punto de vista turístico, las arribazones masivas afectan la calidad de las playas, generan costos millonarios en tareas de limpieza y condicionan la competitividad de destinos altamente dependientes del turismo de sol y playa.
Respuestas y desafíos para 2026
Ante un fenómeno que ya es visible desde el espacio, varios países del Caribe impulsan una respuesta coordinada. República Dominicana, junto a Barbados y Jamaica, logró que Naciones Unidas adopte una resolución que reconoce al sargazo como un problema socioeconómico y ambiental grave, y que promueve una mayor cooperación internacional.
En paralelo, se desarrollan sistemas de monitoreo satelital, alertas tempranas con drones y cámaras costeras, y proyectos piloto para anticipar arribos con hasta 72 horas de antelación. Sin embargo, los expertos coinciden en que estas medidas serán insuficientes si no se avanza en la reducción de la contaminación por nutrientes, el tratamiento de aguas residuales y la protección de las cuencas fluviales.
Una radiografía de la contaminación con un mapa que muestra la situación en la Riviera Maya y Cancún en mayo del 2025:









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