La producción de combustibles sustentables para la aviación (SAF, por sus siglas en inglés) atraviesa una etapa de fuerte desaceleración que amenaza los objetivos climáticos del sector aéreo a nivel global. Así lo advirtió la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) en un comunicado difundido el 9 de diciembre de 2025, en el que señala que el crecimiento de estos combustibles clave para la transición energética se está ralentizando de manera preocupante.
Según las nuevas estimaciones del organismo, la producción mundial de SAF alcanzaría 1,9 millones de toneladas en 2025, el doble que en 2024. Sin embargo, para 2026 se prevé un incremento mucho más moderado, hasta 2,4 millones de toneladas, una cifra que refleja una pérdida de impulso en comparación con las expectativas iniciales del sector.
Metas revisadas a la baja y bajo impacto real
A pesar del crecimiento interanual, la producción proyectada sigue siendo marginal frente a las necesidades reales de la aviación. En 2025, el SAF representará apenas el 0,6% del consumo total de combustible aéreo, porcentaje que subiría solo al 0,8% en 2026.
La IATA atribuye esta situación a la falta de políticas públicas adecuadas, a marcos regulatorios poco eficientes y a mandatos obligatorios mal diseñados que, lejos de estimular la producción, han generado distorsiones en el mercado. A ello se suma el alto costo del SAF, que puede ser entre dos y cinco veces superior al del queroseno convencional, especialmente en regiones donde existen obligaciones regulatorias estrictas.
Este sobrecosto implicará, según la IATA, un impacto adicional de 3.600 millones de dólares para la industria aérea en 2025.
Críticas a los mandatos europeos
Uno de los puntos más críticos señalados por la IATA es el efecto negativo de los mandatos impuestos en la Unión Europea y el Reino Unido. El reglamento ReFuelEU Aviation, por ejemplo, provocó un aumento abrupto de precios en un contexto de oferta limitada y cadenas de suministro concentradas, permitiendo que los proveedores amplíen significativamente sus márgenes.
Como consecuencia, las aerolíneas han llegado a pagar hasta cinco veces el precio del combustible tradicional y el doble del valor de mercado del SAF, sin garantías claras de suministro ni trazabilidad homogénea. En el Reino Unido, el mandato vigente también generó picos de precios que deben ser absorbidos íntegramente por las compañías aéreas.
En conjunto, estas fallas regulatorias derivaron en una prima total de 2.900 millones de dólares pagada por las aerolíneas en 2025 para acceder a los 1,9 millones de toneladas disponibles de SAF.
Riesgos futuros con el e-SAF
Las preocupaciones se intensifican de cara a los próximos mandatos de e-SAF, previstos para 2028 en el Reino Unido y 2030 en la Unión Europea. Este tipo de combustible sintético podría alcanzar un costo hasta doce veces mayor que el queroseno convencional, lo que pone en duda su viabilidad sin incentivos sólidos a la producción.
La IATA advierte que, de no corregirse el enfoque actual, los costos de cumplimiento podrían llegar a 29.000 millones de euros hacia 2032, en un escenario donde los objetivos regulatorios no se alcanzarían.
Un llamado urgente a revisar las políticas
Willie Walsh, director general de la IATA, fue categórico al señalar que las políticas vigentes “han logrado encarecer el SAF y ralentizar su adopción”, en lugar de acelerar la descarbonización. En la misma línea, Marie Owens Thomsen, vicepresidenta senior de sostenibilidad y economista jefe del organismo, sostuvo que repetir este esquema con el e-SAF sería “inadmisible”.
Para la IATA, la única salida posible es una revisión urgente de los marcos regulatorios, con incentivos claros a la producción, economías de escala y políticas coherentes que permitan reducir costos y garantizar el suministro a largo plazo.
La transición energética del transporte aéreo sigue siendo una prioridad global, pero los datos actuales muestran que, sin un cambio de rumbo, el camino hacia una aviación más sostenible podría enfrentar serios retrasos.








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