En el corazón de Nassau, el complejo Baha Mar, uno de los resorts más emblemáticos de las Bahamas, ofrece a sus visitantes una experiencia singular: la posibilidad de ver, alimentar e interactuar de cerca con flamencos caribeños, el ave nacional del país. Lejos de tratarse de una atracción meramente recreativa, la propuesta combina educación ambiental, conservación y contacto respetuoso con la fauna en un entorno tropical cuidadosamente diseñado.
Interactuar con flamencos en Baha Mar es mucho más que una actividad fotogénica: es una invitación a conectar con la fauna del Caribe, comprender su historia y valorar la importancia de su conservación. Para quienes buscan experiencias diferentes durante su estadía en las Bahamas, este encuentro con el ave nacional del país se presenta como uno de los recuerdos más memorables del viaje. El complejo ofrece también unas exclusivas sesiones de yoga junto a flamencos, en sus jardines.


Los protagonistas de esta experiencia son los flamencos caribeños, una de las especies de flamencos que habitan el planeta y que se encuentran de forma natural en climas cálidos como las Bahamas y el Caribe. Durante las actividades guiadas, los visitantes descubren que, a diferencia de la creencia popular, estas aves son animales resistentes y adaptables, capaces de vivir tanto en regiones tropicales como en zonas frías e incluso en áreas montañosas de Sudamérica, como Perú.
A través de explicaciones brindadas por el equipo especializado del santuario —entre ellos Kevin, conocido informalmente como el Chief Flamingo Officer—, se aprende cómo es el ciclo de vida de estas aves, desde el huevo hasta la adultez. Los huevos, sorprendentemente pequeños y similares a los de una gallina, dan lugar a crías que nacen completamente blancas y que solo adquieren su característico color rosado meses después.


Por qué los flamencos son rosados
Uno de los aspectos que más curiosidad despierta entre los visitantes es el origen del color de los flamencos. Durante la experiencia, se explica que el tono rosado no es innato, sino que se desarrolla con el tiempo gracias a su alimentación. En estado natural, los flamencos consumen camarones, algas, krill y bioplancton, alimentos ricos en beta-caroteno, una proteína que, al ser ingerida de forma constante, tiñe sus plumas.
En Baha Mar, la dieta está cuidadosamente controlada y se compone de pellets y suplementos especiales que garantizan la salud de las aves y reproducen los nutrientes que consumirían en su hábitat natural.
Alimentarlos, observarlos y aprender
La experiencia de alimentar flamencos en Baha Mar es uno de los momentos más esperados por los huéspedes. Bajo la supervisión del personal del santuario, los visitantes pueden acercarse, ofrecerles comida y observar de cerca su comportamiento, siempre priorizando el bienestar animal. La actividad se desarrolla en Flamingo Cay, un espacio verde dentro del resort que funciona como santuario de vida silvestre.



Además del clásico Flamingo Meet & Greet, el programa incluye propuestas originales como yoga junto a flamencos, caminatas interpretativas y charlas educativas orientadas a la conservación de la especie y al rol que cumple en el ecosistema bahameño.
Conservación y educación ambiental
Más allá del atractivo turístico, Baha Mar impulsa un fuerte compromiso con la conservación de la biodiversidad. El santuario forma parte de una estrategia más amplia de educación ambiental que busca concientizar a los visitantes sobre la importancia de proteger a los flamencos, símbolo natural de las Bahamas, y a otras especies locales.

El resort cuenta con un sistema propio de seguimiento y crianza, complementado, cuando es necesario, con programas de colaboración internacional. De este modo, la experiencia turística se transforma también en una oportunidad de aprendizaje y respeto por la naturaleza.
Yoga con flamencos, una vivencia inolvidable en las Bahamas
En el complejo Baha Mar, en Nassau, una experiencia singular combina la práctica del yoga con la presencia de flamencos caribeños, dando lugar a una propuesta de bienestar poco habitual incluso para destinos especializados en wellness.

La jornada comienza temprano, cuando la luz suave del amanecer se filtra entre los jardines tropicales y la brisa cálida de la isla de Nueva Providencia mantiene un clima templado. Sobre el césped, colchonetas dispuestas cuidadosamente marcan el espacio donde un instructor da inicio a la práctica, pensada no solo para trabajar el cuerpo, sino también para favorecer una conexión profunda con el entorno natural.
La escena adquiere un carácter especial cuando dos flamencos se integran al espacio. Con movimientos lentos y elegantes, caminan entre los participantes, se acercan a los cuencos de agua dispuestos para ellos y permanecen cerca durante la sesión. Mientras se suceden las posturas, muchos descubren un paralelismo inevitable: la firmeza de las largas patas de las aves recuerda la estabilidad del árbol, y la curvatura de sus cuellos evoca la fluidez de los estiramientos conscientes.
Durante toda la actividad, una instructora especializada acompaña a los flamencos, guiándolos con gestos suaves y cuidando su bienestar. Los participantes, por su parte, pueden alternar la práctica con momentos de observación, contemplación o fotografías, siempre en un clima de respeto y calma.
El entorno natural de Nassau potencia la experiencia: cielo despejado, aire húmedo, vegetación exuberante y sonidos suaves crean un escenario propicio para la desconexión. Lejos del ritmo acelerado cotidiano, el yoga con flamencos en Baha Mar se convierte en un paréntesis reparador, donde el bienestar se vive en diálogo directo con la naturaleza.

Más que una clase de yoga, se trata de un encuentro entre serenidad, belleza y contemplación, adaptable a distintos horarios y tamaños de grupo, que deja en los visitantes un recuerdo tan original como profundamente relajante.
Una vista general del complejo Baha Mar en Nassau:

Otra experiencia en Baha Mar, junto a tortugas marinas.








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