El pequeño pueblo eslovaco de Vlkolínec, situado en los Cárpatos y reconocido como Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1993, enfrenta un escenario inesperado: sus propios habitantes solicitan la revocación de la distinción debido al impacto del sobreturismo.
Con apenas 14 residentes permanentes y 43 casas tradicionales de madera —algunas de origen medieval—, la aldea recibe hasta 100.000 visitantes al año, una cifra que, según sus pobladores, altera la vida cotidiana y convierte al sitio en un espacio saturado.
De patrimonio protegido a destino masivo
Vlkolínec fue incorporado a la lista de Patrimonio Mundial con el objetivo de preservar su arquitectura vernácula y su valor histórico. Las casas de madera pintadas en tonos vibrantes y su entorno montañoso lo transformaron en un ícono del turismo cultural en Eslovaquia.
Sin embargo, el reconocimiento internacional impulsó un flujo creciente de visitantes. Según medios británicos, algunos vecinos describen la situación como la transformación del pueblo en “un zoológico para turistas”, señalando que el título que buscaba proteger el lugar terminó generando una presión difícil de sostener para una comunidad tan reducida.

Restricciones patrimoniales y vida cotidiana
A la afluencia turística se suman las exigencias de conservación que implica el estatus Unesco. Cualquier intervención en las viviendas —desde reemplazar una tabla hasta modificar una teja— debe contar con autorización de la oficina regional de monumentos correspondiente.
La normativa vigente establece que todas las actividades planificadas en el sitio deben someterse a evaluaciones técnicas estrictas, y que los cambios de uso de los edificios solo se permiten si no alteran su apariencia original.
Para algunos propietarios, estas condiciones dificultan el mantenimiento de las casas y limitan su autonomía, lo que alimenta el debate sobre el equilibrio entre conservación patrimonial y calidad de vida.

El debate global sobre el sobreturismo
El caso de Vlkolínec se suma a una tendencia creciente en Europa y otros destinos del mundo donde comunidades locales cuestionan los efectos del turismo masivo. Ciudades históricas, barrios tradicionales y pequeños pueblos enfrentan tensiones similares entre preservación, actividad económica y sostenibilidad.
La discusión pone en el centro un dilema clave del turismo cultural: cómo proteger el patrimonio sin convertirlo en un producto que desborde la capacidad del lugar y afecte a quienes lo habitan.
Mientras tanto, el futuro de Vlkolínec como Patrimonio Mundial sigue abierto. La eventual salida de la lista de la Unesco sería un hecho inusual y reavivaría el debate sobre los límites del reconocimiento internacional en destinos de escala reducida.








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