“San Martín de los Andes es un centro turístico y eso permite que el nuevo museo de la Fundación Azara llegue a un público que antes no accedía”
En San Martín de los Andes, un museo impulsado por la Fundación Félix de Azara (en convenio con la Universidad Maimónides) busca ampliar el acceso del público a contenidos de paleontología, biología, megafauna y evolución, con un enfoque didáctico y vocación regional. En esta entrevista, Leonardo Leggeri explica por qué se eligió este punto del sur neuquino, cómo se construyó el proyecto, qué rol cumplen las réplicas y qué novedades planean para los próximos meses.
¿Puede presentarse y contar cuál es su rol en el museo?
Mi nombre es Leonardo Leggeri. No soy el director del museo: el director es el mismo que dirige la Fundación Félix de Azara, porque este es un museo de la fundación. Yo estoy acá trabajando en el museo y mi función tiene más que ver con la representación de la parte académica. Soy biólogo, orientado a genética, y actualmente me dedico a genética de fauna silvestre.
¿En qué líneas de investigación está trabajando hoy?
Estamos enfocándonos en especies nativas, de preocupación y que son emblemáticas de esta región. Venimos trabajando con guanacos (prácticamente ya terminamos esos trabajos), con huemul estamos trabajando ahora, y también con el pato de los torrentes. En el museo hay paneles y pósters vinculados a estos proyectos.
¿Por qué se decidió instalar un museo así en San Martín de los Andes?
Hay varias razones. En Neuquén, por ejemplo, los grandes hallazgos fósiles se asocian más con otras zonas: arriba, hacia áreas más “fosileras”, o focos como Plaza Huincul, donde hay formaciones conocidas y museos municipales o provinciales ya instalados.
Este museo surgió también con la inquietud de abarcar más temas: no solo paleontología, sino también antropología, arqueología, megafauna y una lectura más amplia de procesos. Pero además, San Martín de los Andes es un centro turístico. Eso es clave porque acá viene gente que llega en avión desde Buenos Aires, desde Brasil o desde otros lugares, y que muchas veces no pasa por Plaza Huincul: o no va, o pasa de largo. Acá, en temporada alta, para nosotros es mucho, pero podemos recibir 200 o 300 personas por día.



Para muchos chicos de la región, sobre todo del sur de Neuquén, antes el acceso a este tipo de material implicaba viajar lejos. Acá vienen colegios todos los días y hacemos visitas guiadas. Llegan escuelas rurales, grupos de Villa La Angostura, de localidades cercanas, y para ellos este museo es el lugar más accesible. Antes, por ejemplo, organizar un viaje al Chocón era más raro: había que juntar plata, conseguir transporte, coordinar. Entonces el hecho de estar acá “enclavado” permite que el acceso sea mucho más directo.
¿Cómo fue el proceso para que el museo se concretara?
El museo se inauguró en julio de 2024, hace un año y pico. Pero el proceso venía de mucho antes. Yo me empecé a involucrar en 2017 y ya estaba el edificio: lo que faltaba era ordenar y construir el interior. Eso llevó años, con momentos mejores y peores, porque a veces se conseguía algo de fondos de un lado, algo del otro. También hubo una combinación de componentes: por un lado un privado, y por otro la fundación, que es privada pero sin fines de lucro. En este caso, por ejemplo, el terreno fue donado por Fernando Bolgar: esto era un estacionamiento de uno de sus locales, y ahí se abrió la oportunidad. Lo que se cobra es para poder pagar lo básico: electricidad, limpieza, gas… y calefaccionar este edificio consume un montón. Es un “monstruo” en ese sentido. Así que lo recaudado ayuda a mantenerlo en funcionamiento.
Todavía hay áreas en desarrollo. ¿Qué falta completar?
No está terminado. Hay un sector que falta, y la idea es sumar más contenidos de ciencias biológicas en general, incluyendo geología y suelos. También hay partes que quedaron pendientes, como una sección de evolución de homínidos: hay materiales que venían de una muestra itinerante que circuló por varios lugares, pero falta armar bien la escenografía y el montaje definitivo.


O sea que si alguien vuelve en un año, ¿va a encontrar cambios?
Sí. De hecho, ya tenemos novedades. Algo que la gente preguntaba mucho apenas abrió el museo era si había un cóndor. Se lo transmitimos a Adrián Giacchino, el presidente de la fundación, y la semana pasada llegó un cóndor hecho de forma artística, respetando medidas y características. Ahora lo tenemos que colgar y estamos viendo cómo instalarlo. Además hay un proyecto para incorporar QR en distintos idiomas y también recursos para no videntes, con impresiones 3D que permitan percibir relieves y formas. Acá la mayoría del turismo es en inglés y portugués, así que esos idiomas están contemplados.
En el museo se ven muchas piezas. ¿Son originales o réplicas?
Lo que hay abajo son réplicas. Y se decidió así porque trabajar con piezas originales implica otra escala: necesitás una colección registrada, libros rubricados, autorizaciones, avales. Todo eso hace el proceso mucho más exigente y con más trabas, porque hoy las provincias están trabajando fuerte el tema de patrimonio. La idea fue abrir esta primera etapa de una manera más simple, como un espacio abierto al público con fines didácticos. A futuro, la idea es poder ir sumando y también recibir, por ejemplo, materiales que traigan personas, pero eso requiere otra estructura. En el caso de la megafauna, aunque sea pleistoceno, el proceso administrativo es el mismo. Y además hay una cuestión práctica: muchas piezas originales son pesadas y sería imposible montar esqueletos como los que se ven en exhibición. El enfoque es didáctico. No buscamos que la gente vea “huesos sacados de la tierra”, sino que entienda cómo era el animal en vida.

¿Por qué es tan sensible exhibir originales?
Porque un fósil original requiere condiciones de conservación: temperatura y humedad reguladas, evitar luz ultravioleta, seguridad. Hay incluso un tema de tráfico de fósiles. Las medidas de protección y el ambiente que requiere un material así son muy distintos. No se puede exhibir “así nomás”. Mientras estuvo enterrado, estaba a salvo; cuando sale, cambia todo.
¿Cómo se hicieron estas réplicas y reconstrucciones?
La fundación participa y apoya campañas de campo paleontológicas y arqueológicas en todo el país. En muchos casos, los investigadores hicieron réplicas o prestaron piezas por un tiempo para que la fundación pudiera replicarlas. En la Universidad Maimónides, en el último piso —donde está una de las sedes de la fundación— hay un laboratorio donde se trabaja en eso.









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