¿Vacacionar en los grandes parques temáticos de Estados Unidos se convirtió en una experiencia de lujo?

Durante décadas, visitar los grandes parques temáticos de Estados Unidos fue sinónimo de vacaciones familiares accesibles, especialmente para la clase media. Sin embargo, pasan los años y esa imagen parece haber quedado atrás. Hoy, destinos emblemáticos como Walt Disney World, Disneyland o Universal Orlando Resort operan cada vez más bajo una lógica cercana al turismo de lujo, con precios que redefinen quién puede —y quién no— acceder a la experiencia completa.

En 2026, visitar los grandes parques temáticos de Estados Unidos ya no es solo una cuestión de ganas: es, cada vez más, una decisión de presupuesto… y de clase. Lo que antes era un “gran gusto” ocasional para muchas familias, hoy se asemeja más a un viaje aspiracional o incluso irrepetible, especialmente para los grupos numerosos.

Entradas que valen lo que antes costaba toda la semana

Uno de los cambios más visibles es el precio de la entrada diaria. Actualmente, un ticket de un solo día para un parque de Walt Disney World puede alcanzar los US$ 199 antes de impuestos, mientras que la opción de visitar más de un parque en la misma jornada (park hopper) eleva el valor hasta US$ 255–299.

En Disneyland California, el techo es aún más alto: US$ 225 por día, más un suplemento de US$ 70 a 90 si se desea cambiar de parque. Y eso sin contar los sistemas de acceso rápido a las atracciones —como Lightning Lane— que pueden sumar US$ 10 a 25 por juego, por persona.

En términos históricos, el contraste es contundente: en los años 90, ese mismo monto equivalía a un pase de cuatro o cinco días.

De gasto secundario a ítem central del presupuesto

Durante años, el mayor desembolso para visitar estos parques era el traslado —especialmente el avión—, seguido por el hotel y el alquiler de auto. Hoy, la entrada al parque se convirtió en el principal costo del viaje, superando incluso al alojamiento en muchos casos.

Este giro contradice el espíritu original con el que Walt Disney imaginó Disneyland: un espacio accesible para las familias promedio. En su lugar, el modelo actual prioriza una experiencia “premium”, donde la comodidad, la reducción de filas y la personalización están disponibles, pero a cambio de pagar más.

No es solo Disney y Universal

Si bien el impacto es más evidente en los gigantes del sector, los parques regionales también atraviesan transformaciones. Cadenas como Six Flags o Cedar Fair mantuvieron durante años una política de entradas muy económicas, apoyadas en cupones y pases anuales de bajo costo. Esa estrategia prácticamente desapareció.

Hoy, aunque el precio de taquilla parezca estable, los descuentos agresivos ya no existen, y los ingresos se compensan con aumentos en:

  • Estacionamiento (de USD 5–8 a US$ 30–50 en muchos parques),
  • Comidas y bebidas,
  • Mercadería,
  • Programas para saltear filas.

El resultado es un encarecimiento general de la experiencia, incluso fuera del segmento “premium”.

¿Por qué suben tanto los precios?

Los operadores suelen justificar los aumentos en varios factores:

  • Licencias de franquicias (IP): marcas como Star Wars, Marvel o Harry Potter implican costos elevados y permanentes.
  • Construcción de nuevas atracciones: los proyectos son cada vez más complejos, tecnológicos y costosos.
  • Costos laborales: tras la pandemia, los parques debieron mejorar salarios para atraer personal.
  • Presión de los accionistas: fondos de inversión influyen directamente en las decisiones operativas, priorizando rentabilidad.

A esto se suma el sistema de precios dinámicos, que cobra más en fechas de alta demanda (verano, feriados) y ofrece tarifas más bajas en días de menor afluencia. Oficialmente, se presenta como una herramienta de “gestión de multitudes”, pero en la práctica maximiza ingresos.

La “premiumización” del ocio familiar

En los últimos años, los grandes operadores reconocieron abiertamente su estrategia de premiumización. Disney, por ejemplo, utilizó sistemas de reserva durante la pandemia para limitar el acceso y reforzar la percepción de exclusividad. En el sector regional, antiguos directivos de Six Flags llegaron a declarar que buscaban atraer a un público más “afluente”, dispuesto a pagar más por la experiencia.

Este enfoque prioriza:

  • Familias de alto poder adquisitivo,
  • “Superfans” que repiten año tras año,
  • Parejas adultas sin hijos,
  • Viajeros millennials con mayor gasto por día.

La contracara es la erosión del público tradicional, que empieza a sentirse desplazado de una experiencia que formó parte de su infancia.

¿El futuro? Parques temáticos de lujo

La tendencia llega incluso a nuevos desarrollos. En México, el complejo VidantaWorld, en Nuevo Vallarta, avanza con la apertura del BON Luxury Theme Park, previsto para el otoño de 2026. El proyecto combina atracciones, gastronomía de autor, espectáculos de nivel internacional y una producción exclusiva de Cirque du Soleil, todo dentro de un resort de alto nivel.

El mensaje es claro: el sector se segmenta entre parques-resort de lujo y parques regionales de valor relativo, con menos inmersión temática pero mayor cantidad de atracciones.

¿Un modelo sostenible?

Los balances financieros parecen responder por ahora: los parques siguen llenos y los ingresos crecen. Pero el interrogante es de largo plazo. Diversos estudios indican que más de la mitad de los hogares estadounidenses tendría dificultades para costear hoy unas vacaciones completas en los grandes parques.

Mientras la innovación y la tecnología sostengan la propuesta de valor, el modelo seguirá funcionando. Pero la pregunta persiste:
¿puede sobrevivir la “magia” cuando cada vez más viajeros sienten que quedaron del otro lado de la cuerda de terciopelo?