¿Por qué volar sigue siendo más barato que viajar en tren en Europa?

En tiempos de transición ecológica, el tren debería ser la opción lógica y preferida para moverse dentro de Europa. Sin embargo, dos informes recientes —uno de la francesa UFC-Que Choisir y otro de Greenpeace CEE— revelan una realidad difícil de ignorar: viajar en avión sigue siendo, en muchos casos, más económico que hacerlo en tren.

El tren, más competitivo solo cuando hay conexión directa. Según el análisis de UFC-Que Choisir, basado en 48 rutas nacionales, el tren solo resulta más barato que el avión si se trata de un servicio directo. En líneas de alta velocidad o trenes Intercity sin paradas intermedias, el boleto de tren cuesta en promedio 64 euros, contra 106 euros en avión, lo que representa un ahorro del 40 % a favor del transporte ferroviario.

Pero la situación cambia en trayectos con una conexión: el boleto de tren sube a 113 euros, mientras que el pasaje aéreo baja a 102 euros, lo que vuelve al tren 10 % más caro. Este desbalance se debe, en parte, a la falta de oferta directa y al costo logístico de mantener combinaciones ferroviarias eficientes.

En Europa, el avión domina por precio

A nivel continental, el contraste es aún mayor. El relevamiento de Greenpeace CEE, que comparó 21 rutas, muestra que viajar en tren cuesta en promedio 2,5 veces más que volar.

Algunos ejemplos:

  • París–Milán: 151 € en tren vs. 48 € en avión (3,2 veces más)
  • París–Roma: 213 € en tren vs. 73 € en avión (2,9 veces más)
  • París–Londres: 120 € en tren vs. 44 € en avión (2,7 veces más)
  • Londres–Niza: 241 € en tren vs. 80 € en avión (3 veces más)

Estas rutas mueven millones de pasajeros por año. Solo el trayecto París–Madrid, por ejemplo, transporta a 2.740.000 personas por vía aérea, lo que indica cuánto influye el precio en la elección del medio de transporte.

Ventajas fiscales que benefician al avión

Una de las principales causas del desequilibrio tarifario es la ventajosa estructura fiscal del transporte aéreo. Las aerolíneas no pagan impuestos sobre el querosén y los vuelos internacionales están exentos de IVA, mientras que los trenes deben abonar IVA y tributos sobre la electricidad.

En un trayecto como París–Barcelona, estas exenciones representan entre 30 y 40 euros por pasajero. A eso se suman los elevados peajes ferroviarios, especialmente en líneas de alta velocidad, que en algunos casos representan hasta el 50 % del valor total del boleto.

Falta de oferta ferroviaria directa y frecuente

Otra desventaja estructural del tren es la escasa oferta directa entre ciudades importantes. La reducción de frecuencias, la suspensión de trenes nocturnos y la falta de conexiones transversales encarecen los precios del tren y complican la experiencia del usuario, especialmente en momentos de alta demanda.

Los informes de UFC-Que Choisir y Greenpeace coinciden en una serie de recomendaciones para corregir el desequilibrio:

  • Eliminar las exenciones fiscales del sector aéreo (como el IVA y la ausencia de impuesto al combustible)
  • Reducir los peajes ferroviarios, especialmente en líneas internacionales y transversales
  • Mejorar la oferta de trenes directos entre ciudades que hoy sólo se conectan vía París
  • Reactivar los trenes nocturnos
  • Implementar un derecho anual a un pasaje de tren subsidiado o una política de tarifas sociales

Mientras Europa se propone descarbonizar el sistema de transporte, el traspaso del avión al tren sigue siendo una deuda pendiente. La estructura tarifaria actual, lejos de incentivar el cambio, penaliza al pasajero que elige la opción más ecológica.

Así, tanto los viajeros de negocios como los turistas siguen optando por volar, muchas veces por obligación económica, aún cuando preferirían un medio de transporte más sustentable.