Qhapaq Ñan, la Gran Ruta Inca que fomenta el turismo en Perú y América Latina

Descubrir el Qhapaq Ñan, también conocido como el “Camino Real Inca” o “Gran Camino Inca”, es embarcarse en una travesía histórica de más de 40 000 km que une seis países andinos: Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y la Argentina. Este majestuoso sistema vial, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, revela no solo el genio de ingeniería del Imperio Inca sino también su relevancia como destino turístico contemporáneo .

La red se origina en Cusco, epicentro del Tawantinsuyo, y se ramifica en cuatro ejes principales: el camino hacia el Norte (Chinchaysuyu), Sur (Qollasuyu), Este (Antisuyu) y Oeste (Contisuyu). Muchos tramos originales, como el Camino Inca a Machu Picchu o las secciones Xauxa–Pachacamac en Perú, están perfectamente conservados y accesibles a los turistas.

Estas rutas históricas pasan por paisajes extremos: desde el desierto costero, pasando por bosques tropicales hasta ascender por los Andes a más de 4 300 m de altura . Su diseño contempla caminos empedrados, escalinatas, puentes colgantes y tambos (posadas) cada 20‑30 km.

¿Por qué el Qhapaq Ñan cruzaba siempre por las alturas andinas?

Una de las particularidades más sorprendentes del Qhapaq Ñan es que sus tramos principales se desarrollaban a más de 3.000 y hasta 4.895 metros sobre el nivel del mar, atravesando los sectores más elevados de la cordillera andina. Esta elección no era casual: los incas concebían las montañas (apus) como entidades sagradas y protectoras, por lo que desplazarse por sus laderas representaba una conexión espiritual y simbólica con los dioses. Además, las zonas altas garantizaban mejor visibilidad, menor presencia de enfermedades tropicales y mayor control estratégico del territorio, tanto en tiempos de paz como de guerra. El terreno elevado también permitía un rápido desplazamiento de chaskis (mensajeros) y ejércitos, gracias a caminos bien construidos y mantenidos, lejos de las regiones bajas y pantanosas. Así, el Qhapaq Ñan no solo fue una proeza técnica, sino también una manifestación de la cosmovisión andina, que elevaba la geografía a un plano político, religioso y cultural.

Turismo experiencial en el siglo XXI

Hoy el Qhapaq Ñan es una puerta abierta para el turismo cultural y de aventura. Las caminatas organizadas por operadores locales, con permisos limitados entre mayo y octubre, ofrecen experiencias de hasta 22 km diarios por senderos repletos de belleza y misticismo. Tours privados desde Cusco —como los que visitan Zurite, Quillarumiyoc y Tarawasi— permiten explorar sitios arqueológicos menos concurridos.

A nivel regional, en Chile hay secciones destacadas en el desierto de Atacama, con proyectos de eco‑turismo comunitario en la ruta ancestral de Diego de Almagro. En Argentina se pueden recorrer tramos del Qhapaq Ñan en provincias como Jujuy, Salta, Catamarca y Mendoza, incluyendo el icónico Puente del Inca y sitios a más de 4 500 m de altitud. En Colombia, una sección de 17 km desde Ipiales hasta Pasto ofrece un acercamiento a la historia incaica en el norte de los Andes.

Patrimonio vivo y comunitario

El Qhapaq Ñan está lejos de ser un vestigio arqueológico estático. Comunidades locales siguen utilizando tramos originales como rutas de comunicación o peregrinación, y muchas mantienen viva la tradición del caminante incaico, los chasquis, como símbolo de identidad cultural . La UNESCO lo define como una “cultural route” que integra paisajes, infraestructuras, memoria colectiva y construcción comunitaria.

Consejos para vivir la experiencia

  • Mejor época para recorrer: de mayo a octubre, fuera de la temporada de lluvias.
  • Permisos: necesarios en Perú para el Camino Inca; limitado a grupos pequeños.
  • Alojamiento: en tambos, campings comunitarios o hospedajes rurales.
  • Altitud: algunos tramos superan los 4 000 m, se recomienda aclimatación.
  • Guiado local: una forma ideal de enriquecer la experiencia con historias ancestrales.

El Qhapaq Ñan como motor turístico

El trail inca va más allá de un simple viaje: es una experiencia cultural profunda que impulsa el turismo sostenible en comunidades andinas. Se estima que atrae a miles de visitantes anualmente y genera oportunidades en hotelería, guianza, gastronomía y transporte comunitario . Además, la consolidación de rutas transnacionales permite vincular múltiples países en circuitos icónicos sudamericanos.

Qhapaq Ñan, o “Gran Camino del Señor” en quechua, es la colosal red vial construida por los Incas, que conecta seis países de América Latina: Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Argentina. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2014, este sistema de más de 45 000 km (con vía principal de 6 600 km) se alza como una proeza de ingeniería andina, cruzando montañas hasta los 4 .895 m.

Más allá de su valor arqueológico, Qhapaq Ñan es un atractivo turístico en auge que ofrece caminatas por paisajes variados, inmersión en la cultura ancestral, y encuentros con comunidades que preservan vivencias milenarias.

En Perú: el corazón del Qhapaq Ñan

En Perú se encuentran los tramos más célebres, especialmente entre Cusco y Machu Picchu. La famosa ruta clásica ofrece recorridos de 14 a 22 km diarios, con pernoctes en tambos (antiguos refugios) o con familias locales cerca de Huánuco Pampa. También destacan los tramos históricamente relevantes:

  • Vitkos–Choquequirao: trekking exigente que une centros administrativos incas con ruinas en altura.
  • Ollantaytambo–Lares–Valle Lacco: 130 km de senderos entre paisajes montañosos y selva alta, repletos de sitios arqueológicos como Ollantaytambo.
  • Xauxa–Pachacamac: tramo de 223 km que conecta Junín y Lima, pasando por paisajes impresionantes y sitios ceremoniales, incluyendo ruinas y tambos.

Considerada el “ombligo del mundo” por los propios incas, Cusco fue la capital administrativa, política y espiritual del Tahuantinsuyo y el punto de partida del Qhapaq Ñan. Desde esta ciudad, los caminos imperiales se desplegaban en forma radial hacia los cuatro suyos o regiones del imperio: Chinchaysuyo, Antisuyo, Collasuyo y Contisuyo. En la actualidad, Cusco conserva numerosos vestigios de ese legado vial y arquitectónico: desde tramos empedrados del Qhapaq Ñan en las afueras de la ciudad (como en Sacsayhuamán o Tambomachay), hasta calles coloniales que siguen el trazo original de caminos incas. Además, lugares como el Coricancha (Templo del Sol), la Plaza de Armas y el barrio de San Blas ofrecen una fusión única entre la arquitectura incaica y la influencia colonial. Visitar Cusco es, en esencia, caminar sobre la historia viva de los Andes y ser testigo del punto desde el cual se extendió una de las redes más asombrosas jamás construidas por una civilización antigua.

En Ecuador: el Corredor Andino por excelencia

Ecuador ofrece un tramo de 108 km de Qhapaq Ñan, considerado uno de los mejor conservados nacionalmente. El recorrido abarca desde la fortaleza de Qallana Pucara hasta el Tambo Real de Cuchishiana y el Complejo Arqueológico de Ingapirca, atravesando el Parque Nacional Sangay. En este trayecto se combinan patrimonio, naturaleza y vistas andinas, ideal para una caminata de una jornada de 6 horas.

En Colombia: senderismo cultural en Nariño

En Colombia, el Qhapaq Ñan surge en Nariño, con 17 km recuperados entre Rumichaca e Ipiales, cruzando Pasto. Rodeado de páramos y selva tropical, este tramo combina patrimonio material e inmaterial, con comunidades indígenas Pasto que ofrecen turismo vivencial. También forma parte de rutas que conectan relatos sagrados y arqueológicos.

En Bolivia: ruta del trueque y patrimonio andino

Bolivia preserva 43 tramos del Qhapaq Ñan en siete de sus nueve departamentos, destacando la Feria de Natividad de Viacha, una tradición ancestral vinculada al camino, con trueque y productos artesanales andinos. El sistema boliviano integra el trayecto ribereño del lago Titicaca y registra la intensa huella cultural que enlaza con los pueblos del Tahuantinsuyo.

En Chile y la Argentina: la continuación austral

El Qhapaq Ñan extendió su influencia hacia Chile y Argentina como parte del eje costero y andino:

  • En Chile, el tramo longitudinal costero suma unos 4 000 km hacia el sur.
  • En Argentina, los caminos vinculados a la Ruta Nacional 40 acompañan rutas turísticas y logran tramos caminables en jurisdicciones cordilleranas, aunque gran parte hoy es carretera.

En ambos países, aunque menos publicitados, aún existen sectores patrimoniales que pueden recorrerse con guías especializados y útiles para recorrer la rica geografía andina.