Viajes de película

Un, dos, tres (1961) / Por María Zacco

Esta es una inteligente sátira del Berlín oriental y occidental. Una de las más convincentes del cine (por lo menos hasta fines de los años noventa, cuando se estrenó “Good Bye Lenin”).

Por María Zacco

Por su herencia judía, Wilder abandonó la capital alemana en 1933, huyendo del nazismo. Y se convirtió en un laureado director de cine en Hollywood, lo que le reportó fama mundial. Volvió a la capital alemana en plena Guerra Fría para filmar “Uno, dos, tres”, una parodia sobre la política internacional donde se ríe de todos sin compasión: comunistas, capitalistas, antiguos nazis, yanquis, rusos y alemanes.        

La película relata la historia del señor Mc Namara (James Cagney), un hombre que dirige una fábrica de Coca-Cola en Berlín occidental y a quien su jefe le pide cuidar de su hija adolescente durante algunas semanas. Cuando la consentida belleza sureña, Scarlett, se enamora de un joven comunista, Otto Ludwing Piffi, y decide fugarse con él a Moscú, McNamara lo intenta todo para romper la pareja. El plan B es convertir al joven comunista en un presentable capitalista en tiempo record –de ahí, el nombre de la película “Un, dos, tres”-, mientras Piffi se apodera del mercado de la soda al otro lado del Telón de Acero.

Muchas escenas claves del film suceden en Berlín Oriental, pero en realidad fueron rodadas en la parte occidental de la ciudad. El cineasta consideró en aquel momento que las casas en ruinas (debido a los destrozos de la Segunda Guerra) del distrito situado junto a la estación de tren Anhalter, en Askanischer Platz, eran el sustituto perfecto para el sector soviético. Como contraste, los planos del entonces recién renovado barrio ubicado entre el Tiergarten, el Ku’danm y la Columna de la Victoriahicieron brillar al nuevo Berlín Occidental. En la película también aparece el aeropuerto Tempelhof, célebre durante el puente aéreo de 1948 y 1949, donde aterrizaban los aviones con suministros para Berlín occidental.

Muchas escenas se filmaron en la neoclásica Puerta de Brandenburgo, una encrucijada importante entre los sectores oriental y occidental. Por supuesto, el rodaje tuvo sus problemas, como cuando el director quiso filmar al personaje del joven comunista, conduciendo una motocicleta entre la Columna de la Victoria y la Puerta de Brandenburgo. El sector soviético empezaba a unos metros de la puerta y los intentos para conseguir el permiso para que el actor pasara en moto por debajo del arco se convirtió en una batalla entre el cineasta y las autoridades de Berlín oriental.

El 13 de agosto de 1961, Wilder pensó que el rodaje iba a quedar trunco. Azorados, él y sus actores empezaron a ver cómo vallas y alambrados se alzaban alrededor de la Puerta de Brandeburgo: presenciaron, nada menos, la construcción del Muro de Berlín.

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